Crisis del INBA: deterioro estructural, violencia y disputas institucionales


Techos que ceden y conflictos que escalan fuera de las salas de clase. La historia reciente del Internado Nacional Barros Arana (INBA) refleja la crisis que atraviesa hoy la educación pública chilena.

 “Ayúdenme, ayúdenme… No le peguen… ¿Dónde está Matías? ¿Hay alguien más adentro? ¡Salgan muchachos, salgan!”. El 23 de octubre de 2024, estas voces marcaron uno de los momentos más extremos de la crisis del Internado Nacional Barros Arana (INBA). Luego de que un baño se incendiara por la fabricación de bombas molotov.

Registro audiovisual difundido en redes sociales muestra el momento en que estudiantes evacúan el baño del Internado Nacional Barros Arana tras el incendio ocurrido el 23 de octubre de 2024.

La entonces Rectora del establecimiento, María Alejandra Benavides, calificó inicialmente el episodio como un hecho aislado. Sin embargo, informes posteriores señalaron que existían advertencias previas sobre comportamientos de riesgo dentro del recinto.

Calidad educativa en descenso

Durante décadas, el Internado Nacional Barros Arana fue reconocido por su alto rendimiento académico. Posicionándose así, entre los liceos públicos con mejores resultados en la Prueba de Selección Universitaria (PSU).

Fundado en 1902, el establecimiento consolidó una reputación de excelencia que lo mantuvo como referente educativo a nivel nacional. Sin embargo, este escenario comenzó a deteriorarse progresivamente.Ya en 2015, el INBA descendía al puesto 372, evidenciando un quiebre en su desempeño pedagógico.

Esta tendencia se profundiza en los resultados de la PAES 2026, donde el internado se ubicó en el puesto 1.147 a nivel nacional. Esto dando cuenta de la crisis del INBA y de un sostenido deterioro en su desempeño académico.

En este contexto, desde el Gobierno, El ministro de Educación, Nicolas Cataldo vincula estos resultados académicos con el reciente proyecto de ley sobre convivencia escolar, aprobado por el senado. Cataldo indicó que dicho proyecto busca y apunta a la excelencia y a la mejora del sistema educativo. Asimismo, la autoridad recalcó que no solo se abordan conflictos y situaciones de violencia, sino también una mirada formativa de largo plazo.

El contraste abrió una pregunta que hoy atraviesa el debate educacional:

¿Cómo uno de los liceos emblemáticos del país terminó convertido en símbolo de la crisis de la educación pública?

Baños del INBA después de la explosión. Créditos: The Clinic

La crisis del INBA: un problema acumulado durante años

El caso del INBA es un reflejo del abandono estructural que enfrentan los establecimientos públicos en Chile. Desde infraestructura deteriorada, precariedad pedagógica , conflictos de convivencia escolar, hasta la inestabilidad institucional.

Distintos actores coinciden en que la crisis no se originó con los incendios, las bombas molotov, ni con los overoles blancos. Es una crisis acumulada durante años. Que convirtió a uno de los símbolos de excelencia académica, en una advertencia viva de lo que puede ocurrir si no se atienden las problemáticas.

 Inicio del deterioro infraestructural

El ex director del establecimiento entre 2005 y 2010, Juan Yáñez Rivas, sitúa uno de los momentos críticos tras el terremoto del 27 de febrero de 2010.

Según relata Yáñez, el sismo dejó daños estructurales relevantes en el edificio: fisuras internas, muros debilitados, desniveles y problemas de humedad.

“Los informes elaborados durante los meses siguientes detectaron fisuras internas, muros debilitados y problemas de humedad que con el tiempo podían agravarse”, recuerda.

Para algunos ex estudiantes, las soluciones posteriores no fueron suficientes.

Bastián Marín, quien cursó su enseñanza media en el internado, señala que las reparaciones realizadas tras el terremoto fueron parciales.

“Habían muros con grietas y muchas veces se hacían soluciones parche. Nunca hubo una reconstrucción profunda También, incluso la constructora se robó piezas antiguas de valor patrimonial”, afirma.

Hoy, el deterioro material es evidente en distintos espacios del establecimiento. Ventanas sin sellar, filtraciones en muros y salas clausuradas. Agustín Ulloa, Vicepresidente del centro de estudiantes, confirma y describe el estado actual de algunos espacios del internado.

“Hay ventanas sin sellos que vibran con el viento, filtraciones en los muros y salas que terminaron funcionando como bodegas”, explica.

Esta situación trae consecuencias no solo estructurales, sino también pedagógicas. Bruno Campos, exalumno egresado en 2020, sostiene que estas condiciones terminaron afectando la continuidad pedagogía gica. Campos expresó que “Durante años denunciamos que las reparaciones eran superficiales. Eso terminó afectando talleres y clases”, afirma.

Según su experiencia, las consecuencias se extendieron incluso a su ingreso a la educación superior. Bruno recalcó que “En primer año de universidad me costó lenguaje porque venía con vacíos académicos”, explica.

Déficit millonario y financiamiento al límite

En paralelo, el conflicto del Internado Nacional Barros Arana no solo responde a demandas internas. Sino que se enmarca en una crisis financiera mayor que afecta a toda la educación municipal de Santiago.

Durante 2025, la Dirección de Educación Municipal (DEM) enfrentó un déficit estructural de $24.000 millones, impactando directamente la operación de establecimientos como el INBA. El aporte municipal anual comprometido para ese año fue de $11.500 millones —definido en la administración anterior—, recursos que se agotaron completamente en junio del mismo año.

Desde julio, el sistema quedó sin financiamiento directo disponible, pasando a depender de reasignaciones presupuestarias mensuales aprobadas por el Concejo Municipal. En la práctica, esto ha significado operar bajo una lógica de “supervivencia”, donde cada mes se recortan fondos desde otras áreas para cubrir gastos esenciales como sueldos, servicios básicos y obligaciones legales.

A este escenario se suma el modelo de financiamiento basado en la asistencia escolar, que entrega cerca de $150.000 mensuales por estudiante. En el caso del INBA, cada día sin clases producto de tomas o movilizaciones implica una pérdida aproximada de $16 millones, reduciendo aún más los ingresos disponibles.

Un Circulo vicioso en la crisis del INBA

Menor asistencia genera menos recursos; la falta de recursos impide mejorar la infraestructura. Pilar Sazo, Directora de Educación Municipal (DEM) detalló que “el INBA tiene siete hectáreas y el presupuesto no alcanza para mantenerlo”. Y a su vez, las deficientes condiciones alimentan el descontento estudiantil y nuevas movilizaciones.

Además, los proyectos de emergencia del Ministerio de Educación presentan altos requisitos de admisibilidad, lo que deja fuera problemáticas parciales —como salas sin ventanas— dificultando el acceso a financiamiento para reparaciones urgentes.

Este escenario se mantuvo hasta el 31 de diciembre de 2025, en el marco del traspaso al Servicio Local de Educación Pública (SLEP), previsto para el mes de enero de 2026.

Violencia escolar en el INBA

Algo que caracteriza la crisis del INBA en los últimos años, más allá de sus muros resquebrajados, es la multiplicidad de voces que intentan explicarlo, sin llegar a algún punto en común.

Esta discrepancia, se ha evidenciado en el aumento de episodios de violencia escolar. En los últimos años se han registrado explosiones de artefactos incendiarios, enfrentamientos en el entorno del liceo y daños a la infraestructura.

Parte de estos hechos han sido atribuidos a grupos conocidos como “overoles blancos”, asociados a acciones radicalizadas, quienes comenzaron a hacerse visibles en el marco de movilizaciones estudiantiles en liceos emblemáticos de Santiago el año 2019. Mismo año del estallido social en Chile.

En ese contexto, comenzaron a surgir con mayor visibilidad los “overoles blancos” al interior del INBA. Lo que en un inicio fueron intervenciones esporádicas, con el tiempo aumentaron en intensidad, frecuencia y consecuencias; instalando progresivamente un clima de conflicto que terminó por normalizarse dentro de la comunidad educativa.

Cedidas. Créditos: Meganoticias

«Son unos delincuentes»: Mario Desbordes sobre estudiantes del INBA

Tras un suceso de violencia dirigidos al ex rector Gonzalo Saavedra, quien fue agredido por los «overoles blancos», con piedras y una bomba Molotov; Mario Desbordes Alcalde de Santiago, enfatizo «Nos estamos querellando… Aquí no se trata de ley Aula Segura solamente, no son estudiantes desordenados, aquí lo que tenemos son delincuentes».

Un estudiante de primero medio (J.O.), sostiene que los grupos radicalizados “no representan el espíritu del INBA”.

El problema, señalan expertos en convivencia escolar, es que estos actos no surgen en el vacío. Sino, en ambientes de carencia de cohesión, estructura y presencia pedagógica sostenida.

La psicóloga especialista en comportamiento juvenil Cristina Castillo sostiene que la violencia escolar suele aparecer en contextos donde existen factores de abandono institucional y frustración estudiantil.

Cuando los estudiantes perciben que su espacio no importa, que sus demandas no son escuchadas, se activa un ciclo de desafección y rabia que puede derivar en violencia”, explica.

Castillo advierte que una parte del desinterés actual de los jóvenes por la educación no surge de la apatía, sino de un entorno que constantemente los etiqueta. Pero además, los responsabiliza de problemas estructurales que el Estado no ha resuelto.

En este sentido, señala que discursos como los del alcalde Mario Desbordes, quien públicamente calificó a los estudiantes involucrados en hechos de violencia como “delincuentes”,  profundizan el quiebre entre los adolescentes y las instituciones. Esto porque refuerzan la sensación de estigmatización y abandono.

Disputas institucionales y responsabilidades políticas

La crisis del INBA también ha expuesto tensiones entre distintas autoridades responsables del sistema educativo.

Desde el Ministerio de Educación, se ha señalado que la crisis educativa responde a procesos acumulados durante años y que su solución requiere coordinación entre distintos niveles del Estado.

Asimismo, el ministro de Educación Nicolás Cataldo, Subrayó que “la crisis no comenzó hoy, pero su solución exige coordinación institucional y decisiones que trasciendan gobiernos”.

Por su parte, el alcalde de Santiago, Mario Desbordes, ha sido una de las autoridades que ha criticado con mayor dureza la situación del establecimiento y los hechos de violencia registrados en los últimos años.

Su diagnóstico también es una crítica implícita al Estado central, que, según afirma,  “ha recibido establecimientos con un abandono prolongado” y que el ministerio ha respondido “tarde y con medidas parciales”.

Las diferencias de diagnóstico entre autoridades reflejan un escenario donde las responsabilidades se distribuyen entre distintos niveles del sistema educativo.

Desde el nivel local, la directora del DEM de Santiago, Pilar Sazo, ha reconocido abiertamente que las condiciones del internado superan las capacidades municipales. En entrevistas y documentos oficiales, advirtió que el establecimiento “requiere una intervención mayor, integral, y con financiamiento que los municipios no pueden asumir por sí solos”.

Percepciones de la crisis del INBA

El ex director Juan Yáñez expresó su decepción por el estado actual del internado. “Es doloroso ver lo que se ha perdido”, afirmó. Señalando que el proyecto histórico del INBA “se ha ido diluyendo entre la falta de apoyo estatal y la erosión de su identidad institucional”. Su mirada agrega una dimensión clave: el deterioro no es solo material, también es simbólico.

En la misma línea, Bernardo Barrientos advierte que el daño a la imagen pública del establecimiento ha sido “profundo y difícil de revertir”. A su juicio, hoy la percepción externa del INBA se asocia casi exclusivamente a episodios de conflicto. Invisibilizando la vida académica y los esfuerzos cotidianos de estudiantes y docentes por sostener el proyecto educativo.

Esta visión es compartida por ex alumnos y ex directivos. Quienes coinciden en que la narrativa pública ha reducido al internado a sus momentos de crisis. Un diagnóstico que también ha sido respaldado por diversos reportajes de medios como La Tercera, Cooperativa, Publimetro y BioBio. Que sólo han documentado las tensiones en convivencia escolar, como parte de un patrón más amplio en la educación pública.

Así, el INBA deja de ser un caso aislado y se convierte en un espejo de una crisis mayor. La fragilidad estructural de la educación pública en Chile, donde el deterioro material, la pérdida de identidad y las dificultades de convivencia; evidencian un problema que trasciende a un solo establecimiento y expone las deudas históricas del sistema.

Lo que el INBA refleja de Chile: crisis de la educación pública

El caso del internado funciona como un espejo de la crisis de la educación pública en Chile. Da una expresión amplificada de un fenómeno nacional.

El deterioro no surgió de un día para otro. Es la consecuencia de un modelo que durante décadas trató la educación pública como un bien administrable, no como un derecho social. El INBA, con sus siete hectáreas, su peso histórico y su complejidad pedagógica. Quedó atrapado entre políticas fragmentadas, municipalizaciones sin financiamiento y reformas que no lograron corregir los vacíos estructurales.

En ese contexto, el caso del INBA refleja la imagen de un sistema que promete modernización y equidad. Pero que en la práctica, quienes lo viven en las aulas de clase, indican que opera con lentitud, burocracia y abandono acumulado.

La crisis es una advertencia

Más de un siglo después de su fundación, el Internado Nacional Barros Arana enfrenta uno de los momentos más complejos de su historia.

La falta de atención a esta problemática visibiliza no solo el deterioro de un edificio centenario. Sino también, abre un debate más amplio sobre el rol del Estado, el financiamiento del sistema educativo y el futuro de la educación pública en Chile.

Mientras las autoridades discuten responsabilidades y soluciones. La comunidad escolar continúa funcionando entre reparaciones parciales, tensiones internas y expectativas de cambio que aún no se concretan.

Más que una excepción, el caso del internado se instala como una señal de alerta sobre el estado de la educación pública en Chile.

Este artículo fue desarrollado como reportaje principal dentro del curso de Taller de Titulación de la carrera de Periodismo Semipresencial de Universidad UNIACC durante el año académico 2025.


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